Nos visito en la radio Maria Adela Baldi, una preciosa persona y profesional, con una vitalidad y un buen humor insuperables!!

Escucharla hablar de cocina es una de las cosas mas bellas que puede tener un cocinero, tantas historias, tanto que aprender cuando cuenta las anécdotas de su vida, que te llenan el alma!

Fui felíz ese Domingo al compartir el programa de radio junto a ella y si la conoces la amas al instante!

Les dejo unas fotos de ese Domingo!

Quieren saber un poquito mas de ella… les comparto una nota que le hizo la revista La Nación entrevistada por Miriam Becker

…Sobre el escritorio que perteneció a Doña Petrona y que compró cuando se remataron sus cosas, la máquina de escribir eléctrica (no usa computadora) y en la cocina, moderna y amplia, algunos objetos que pertenecieron a su padre: una cacerola de cobre, un banquito alto donde María Adela niña se sentaba mientras su padre la instruía sobre cómo rellenar las tarteletas para el té, cómo se usa el palo de amasar…

«Quedémonos acá», le sugiero cuando percibo que en ese lugar puede haber duendes que aporten memoria al relato….

-Me encanta. Yo estoy mucho en la cocina. El ayer que llega es el de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. «Papá llegó de Italia a los 19 años con la profesión de pastelero, heredada de un tío. Comenzó a trabajar como ayudante de cocina de un francés, German Merè, que tenía la representación de la Academia del Cordon Bleu. Pasado un tiempo, papá la compró y la registró como el Cordon Bleu de Buenos Aires. También trabajó como chef de cocina con la familia Mitre, intervino en lo que antes eran las grandes temporadas en los hoteles de Mar del Plata y Buenos Aires, y se casó con mamá, que era descendiente de vascos franceses y que cocinaba muy bien. Después, se dedicó de lleno a la academia, que fue el centro de reunión de señoras de la sociedad y el lugar obligado para seguir la carrera de chef profesional… Papá era un grande.»

Dice con admiración de don Angel Baldi, ese hombre severo que la introdujo en el mundo de las cacerolas, que fue profesor de Doña Petrona, de doña Lola Pietranera y de tantos profesionales que hicieron carrera. «Lo que más lamento es que no me haya visto seguir sus pasos…. Para él, el trabajo era un camino hacia la excelencia. Hoy le agradezco esa disciplina que templó mi espíritu.

«Cuando fue profesor en la Escuela Profesional Nº 7, me llevó como alumna-oyente. Era exigente con todos, pero conmigo, mucho más, porque decía que la familia no otorgaba privilegios. ¡Y vaya que no los tenía..!» María Adela recuerda con humor esas clases donde limpiar sesos, pelar ajos, lavar las grandes asaderas, las lecheras, era una tortura sin rebelión. «Mientras fregaba, pensaba en mis pobres manos que sólo aspiraban a tocar el violín. Por las noches, antes de dormir, me las cubría con agua de rosas, benjuí y glicerina y las enfundaba en guantes de algodón. Cuando con los años comprendí que Jasha Haifetz había uno solo, me transformé en una melómana y emprendí el camino laboral de la gastronomía.» Con Buenas tardes mucho gusto, una creación de Blanca Cotta que la familia Muchnick lanzó al aire en TV, se inició la era de los programas femeninos donde se enseñaba a cocinar.